Hiroshima

Hiroshima
Hay ciudades que son, ante todo, un nombre. Y que transportan, en el eco de sus sílabas, una tragedia que no es solo suya. A ellas, no puede el viajero llegar como a cualquier otra. Porque no se las conoce solo paseando por sus calles. Se las reconoce luego, tras pasar por la biblioteca y la sala de cine. Allí se empiezan a descubrir algunos de sus enigmas y pueden encajarse las piezas del puzle tras el que se esconden las causas y consecuencias el genocidio atómico.