Mujer tenías que ser

Mujer tenías que ser
No es lo mismo una mujer pública que un hombre público, ni tampoco comparten el mismo espacio. Mujeres del partido, fáciles, mundanas, perdidas... o hembras “cuasi pútridas, escalentadas y de mal olor” como las insultaba, al definirlas, el inquisidor Covarrubias. Pencas o pechugonas, frígidas o ninfómanas, brujas o santurronas, todas prostitutas al fin. Monstruosas y menstruosas, lloronas, histéricas, malas pécoras, zorras y burras (¡zurras para todas ellas!) desfilarán por estas páginas, donde María Martín analiza con maestría, humor y mucha sorna todas estas representaciones maléficas de la mujer, la encarnación (folclórica y patriarcal) de todo el mal.