El pasado no cabe en la historia


El pasado no cabe en la historia

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1983: Berlín Este, Bogotá, Bucarest, Kiev, Leipzig, Lima, Pekín o Varsovia; en
Santiago, la niebla es más espesa. Pero, bajo la misma niebla de la dictadura,
memorables fueron El Trolley y El Garage Internacional y, después, en la
democracia tutelada por las brigadas de negro que siguieron invocando la
muerte bajo su bola de espejos rotos, las fiestas Spandex fueron también
irresistibles. Entonces, cuando el sistema universitario había sido desmembrado,
la pista de baile semiclandestina fue el lugar donde una nueva generación de
jóvenes artistas, sobre todo teatrales, fraguó los repertorios culturales que
imaginaron la alegría que jamás llegó. Peor aún, la alegría que la transición
fustigó con lacrimógenas y pánico moral.
Cristián Opazo
Rímel y gel
Metales Pesados, Chile 2024
I.S.B.N.: 9789566203735
Pág.: 314
P.V.P.: 21.00 €
Los hechos del siglo XX terminaron por devastar la idea de una "Historia
Universal de la Humanidad". Escuchamos con frecuencia que no habrá futuro a
menos que hayamos aprendido de las catástrofes que imprimieron su rúbrica a
la historia de los últimos cien años. ¿Es posible aprender de las catástrofes?
Nos encontramos abrumados por una descomunal facticidad pretérita, un sinfín
de imágenes flotantes y relatos incompletos que demandan nuestra atención.
No existe un pasado que imponga desde sí mismo su verdad, pues la fuerza de
lo pendiente sube hacia nosotros desde el subsuelo del presente. Se cree
habitualmente que en la cotidianeidad la existencia transcurre lejos de los
"grandes acontecimientos", pero es cotidianamente como se habita en lo
tremendo. Lo que llamamos "acontecimiento histórico" es el momento en el que
un proceso de escala sísmica ingresa en la vida de todos los días. Después lo
que sucedió queda internamente tramado con lo que no sucedió, con lo que casi
sucedió, también con lo que fracasó, incluso con todas aquellas cosas que no
pasaron de ser intenciones, expectativas o solo ganas de que algo pasara o no
pasara.