Misión del ágrafo

Misión del ágrafo
14,00 €
Sense existències ara
Rep-lo a casa en 3/4 dies per Missatger o Eco Enviament*
Tal vez haya que desconfiar del diccionario de la Real Academia cuando define «ágrafo» como una persona «que es incapaz de escribir o no sabe hacerlo». Porque el ágrafo que en este insólito ensayo Antonio Valdecantos disecciona no sólo puede y sabe escribir, sino que sencillamente se resiste a hacerlo. En estos tiempos en que sobreabunda la escritura –en realidad, nunca se ha escrito y publicado tanto–, tal vez sea preciso dar la razón a Tolstói cuando anotó en su diario: «Escribir no es difícil, lo difícil es no escribir».
Pero ¿qué es un ágrafo?
Según Antonio Valdecantos: «El ágrafo es casi un exacto Antibartleby, que, ante cualquier sugestión para que escriba algo, contestará con toda la ironía que es posible en este mundo: “Yo, por mi parte, preferiría hacerlo”».
Es más: ágrafo es quien debiendo ser, por su sabiduría, su agudeza y su talento, un escritor prolífico, incumple su destino y se resiste a escribir y a publicar. Acaso, un escritor o escritora sin obra: «De hecho (matiza Valdecantos) cuando habla el ágrafo —y puede llegar a hablar muchísimo— es como si estuviera escribiendo».
Es decir, la cara opuesta del «Bartleby», que acuñó Vila-Matas en su célebre libro.
«El ágrafo cumple además —se lee en este lúcido ensayo, que termina con un homenaje a Montaigne— la ingrata función de poner de manifiesto que los escritores somos impostores más o menos mañosos, pero censurables por igual. Se podría concluir que el ágrafo es por todo ello un personaje maldito y no le faltarán enemigos.»
Pero ¿qué es un ágrafo?
Según Antonio Valdecantos: «El ágrafo es casi un exacto Antibartleby, que, ante cualquier sugestión para que escriba algo, contestará con toda la ironía que es posible en este mundo: “Yo, por mi parte, preferiría hacerlo”».
Es más: ágrafo es quien debiendo ser, por su sabiduría, su agudeza y su talento, un escritor prolífico, incumple su destino y se resiste a escribir y a publicar. Acaso, un escritor o escritora sin obra: «De hecho (matiza Valdecantos) cuando habla el ágrafo —y puede llegar a hablar muchísimo— es como si estuviera escribiendo».
Es decir, la cara opuesta del «Bartleby», que acuñó Vila-Matas en su célebre libro.
«El ágrafo cumple además —se lee en este lúcido ensayo, que termina con un homenaje a Montaigne— la ingrata función de poner de manifiesto que los escritores somos impostores más o menos mañosos, pero censurables por igual. Se podría concluir que el ágrafo es por todo ello un personaje maldito y no le faltarán enemigos.»